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lunes, 22 de julio de 2013

SOSPECHAS

Vale más un grano de cebada que un hombre ansioso en espera del amor! Porque este es un derecho de nostalgia. Yo, que me jacto de tranquilo, ¡Estoy en penumbras de mi desasosiego! Sólo pienso en ti, nada más que en ti y en todo lo que tienen de deliciosas tus formas. Lo que siempre está en mi mente atormentada por tus bellos recuerdos, es la imagen de lo que imagino en perenne fervor de tu amor y el mío.
¡Tú solamente existes en el mundo para mí! Tu prístina pureza y rocío tutelar es como un ángel que da ánimo, necesario para mis sentidos y mis deseos más vivos. Por ti sé que voy a tener la dicha inmensa de gozar los placeres de este y del otro mundo (el del amor), porque desde el principio supe que en ti existe todo lo que yo ansío en mis más caros anhelos.
No tildes mi actitud de indiferente y poco detallista, al igual que falta de ternura. Mira que esta distancia, de un sitio a otro, de que tú y yo estamos, sólo sirve para alimentar en mayor escala el fuego creciente de nuestras pasiones. Al menos a mí, me aviva la delicia de tus recuerdos.
Olvida esa catarata de inválidas sospechas sobre mi fidelidad hacia ti, que sólo van a envejecer tu ánimo y descarriar tus buenos deseos. Recapacita en todo lo que tú no puedes negarme, aun a través de la distancia, y hazlo por mi veneración hacia ti.
Contéstame, al menos esta, que lleva la fiebre de mis palabras. Ya me cansé de hacerlo yo sin tus respuestas.

AMOR INTENSO Y DESPIADADO

Muy señor mío:
Mi genio, mi Simón, amor mío, amor intenso y despiadado. Sólo por la gracia de encontrarnos daría hasta mi último aliento, para entregarme toda a usted con mi amor entero; para saciarnos y amarnos en un beso suyo y mío, sin horarios, sin que importen el día y la noche y sin pasado, porque usted mi Señor es el presente mío, cada día, y porque estoy enamorada, sintiendo en mis carnes el alivio de sus caricias.
Le guardo la primavera de mis senos y el envolvente terciopelo de mi cuerpo (que son suyos).
Su Manuela

TUYO EN ALMA

Mi amor:
Sé que tienes mucha disposición hacia mí y que has aprendido todas las artes de la estrategia en el amor. Esto ha creado una deliciosa intimidad de pensamiento y afectos mutuos, que son ahora para mí un grato motivo de felicidad. ¿Sigues siendo la joya sagrada y sensual llena de encantos y atributos de belleza? Pues bien, querida amiga, yo sigo pensando y gozando de mi imaginación, aunque sé que no ignoras la magnitud de tu sacrificio si resuelves venir acá. Sí, yo invito, ¡Viva el amor en el raso y la seda, las camas mullidas con blandos colchones, los terciopelos rojos, las alfombras, la gloria de ver a una mujer más linda que Cleopatra, ejerciendo todo el poder de sus encantos sobre mis sentidos; el ludibrio de rasgar tus vestidos sin importar su costo, deshaciendo al mismo tiempo tu laborioso peinado de tocador.
Me atraen profundamente tus ojos negros y vivaces, que tienen el encantamiento espiritual de las ninfas; me embriaga sí, contemplar tu hermoso cuerpo desnudo y perfumado con las más exóticas esencias, y hacerte el amor sobre las rudimentarias pieles y alfombras de campaña.
Todo esto es una obsesión, la más intensa de mis emociones ¿Qué he de hacer? Tu ensoñación me envuelve en el deseo febril de mis noches de delirio. La moral, como tú dices, en este mundo es relativa; la sociedad que se gestó y ha surgido en esa desastrosa época de colonialismo es perniciosa y farsante; por eso no debimos actuar, como tú bien dices, sino al llamado de nuestros corazones.
Soy tuyo de alma,

TU AMANTE

Mi adorada Manuelita:
Mi amor: tu hermosa carta del 1 de mayo y la perentoria del 3, me han hecho reflexionar en todas las circunstancias que nos afectan mutuamente. Añoro que en estas tierras no estés a mi lado, disfrutando de encuentros gloriosos con quienes premiaron al genio de mi Proyecto de Constitución Política del 16 de mayo, sobre la creación de la nación Bolívar.
Aquí todo es alegría, pues con recibirme con arcos triunfales y conducirme bajo palio, engalanan mi vanidad que no es otra que la satisfacción de ver cumplidos mis anhelos de crear una quinta República; quedando constituida por las cuatro provincias de Chuquisaca, Charcas, La Paz, Potosí y Cochabamba. Esto es mi vivo interés, para que no conste en parte de la nación Argentina, por lo del pronunciamiento del año 10, ni del Perú, que es otra a la cual perteneció.
Sé, mi amor, que en esto no hay otra cosa que los ensueños de tu maravillosa imaginación. No te mortifiques más. Tu corazón venturoso debe empeñarse con inquietudes que sólo son los hechizos fatuos de la incomprensión de tu marido. Relegaría con gusto todo lo que aquí acontece, con el torbellino que mi pasión ansía invadir tu intimidad y la mía.
Mi agradecimiento es a todas tus atenciones y desvelos que llegan en procesión de sucesivos cariños, delicias y cuidados, que hacen sentir pobre mi descomedida actitud, que es sólo por la fuerza de mis obligaciones aquí. Sí, perdóname. A partir de hoy, dedicaré un poco de tiempo a esta agradable tarea de escribirte.
Tu amante,

SUYA..LA LIBERTADORA DEL LIBERTADOR

Lima, a 5 de mayo de 1825
A S.E. General Simón Bolívar
Muy señor mío:
¿Por qué se ha ido usted sin mí? ¿No ve que me ha hecho sufrir mucho? Dígame dónde está. Estoy muy triste, pero no puedo juzgarlo. Sé que al alejarse ha querido evitarme un gran dolor.
Usted tiene un corazón de oro, eso lo sé. Sin embargo, no quiero que se desobligue de mí. Yo, que estoy enferma de ansiedad y loca por la ausencia de usted únicamente puedo soportarlo todo a su lado; me sobra mucho, ¡Demasiado amor para dárselo! Lo único que me importa es su amor, sentirme segura en sus brazos.
Ahora dirá usted que soy libidinosa por todo lo que voy a decirle: que me bese toda, como me dejó enseñada, ¿No lo ve? ¿Cómo me las arreglaré sin la presencia de usted? Pregunto, ¿Por qué me ha dejado enamorada? ¡Con el alma en pedazos! Usted dice que el amor nos libera. Si, pero juntos. Eso fue comprobado por lo de Junín; de lo contrario me siento encarcelada en mi desasosiego.
No le pido que piense en mí, dígame que me ha amado a mí más que a ninguna otra. Perdóneme el fastidio de mi delirio, pero es que lo adoro. Soy una mujer enamorada; tenga usted un poquito de compasión y consideración por mí.
Sé que lo que voy a decir no le gustará, pero sí: me muero de celos al pensar que podría usted estar con otra; pero yo sé que ninguna mujer sobre la faz de la tierra podría hacerlo tan feliz como yo. ¿Orgullo? Piense usted que sí, ¡Pero es la verdad más dichosa! Por su amor seré su esclava si el término amerita, su querida, su amante; lo amo, lo adoro, pues es usted el ser que me hizo despertar mis virtudes como mujer. Se lo debo todo, amén de que soy patriota.
Suya,

domingo, 21 de julio de 2013

DESPEDIDAS..

Ica, 20 de abril de 1825
Mi bella y buena Manuela:
Cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y del honor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación por ti; porque te debes reconciliar con quien no amabas; y yo, porque debo separarme de quien idolatro!!! Sí, te idolatro hoy más, que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo.
Cuando tú eras mía, yo te amaba más por tu genio encantador que por tus atractivos deliciosos. Pero ahora, ya me parece que una eternidad nos separa, porque mi propia determinación, me ha puesto en el tormento de arrancarme de tu amor, y tu corazón justo nos separa de nosotros mismos, puesto que nos arrancamos el alma que nos daba existencia, dándonos el placer de vivir. En lo futuro, tú estarás sola aunque al lado de tu marido; yo estaré solo en medio del mundo. Sólo la gloria de habernos vencido será nuestro consuelo. El deber nos dice que ya no somos más culpables! No, no lo seremos más.
Bolívar.
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Cuartel General Ica, a 21 de abril de 1825
Mi adorada Manuelita:
Voy acompañado, quiero decir, con la compañía de tus gratísimos recuerdos. Pienso, dentro de mis relaciones, que mucho ha de ser el trabajo que debo realizar y sé que me esperan la Grandeza y la Gloria. Sin embargo, todo se empaña en la remembranza de tu imagen vestal y hermosa, casi causante de esta lucha interna de mi corazón que se halla entre mis deberes; la disciplina, mi trabajo intelectual y el amor. No sabes, Manuela mía, cómo te ansía este corazón viejo y cansado, en el deseo ferviente de que tu presencia lo rejuvenezca y lo haga palpitar de nuevo al ritmo de como sano!
Sobre la base de mi temor, sé que no está bien insistir en tu viaje acá, pues faltarías a las obligaciones para con tu marido. Sin embargo, ni yo mismo puedo engañarme. Tu suerte que te ha tocado, me entristece mucho por lo de tus sacrificios que quieres sólo para conmigo. Yo te lo agradezco. Mis sentimientos se agigantan junto con mis deseos, al pensar en ti, y en todo lo arrobador de tu espíritu sin igual, además de tu encantamiento femenino.
Muy pronto sabré qué determinación habremos de tomar ante esta situación que nos destroza el alma. Por lo pronto, debemos tener paciencia de franciscano.
Tuyo en el alma,
Bolívar
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Cuartel General en Ica, a 26 de abril de 1825
Mi adorada Manuelita:
Mi amor, marcho hoy con destino al Alto Perú, a Chuquisaca, lleno de proyectos que son mi ilusión de crear una nueva República. Y por lo tanto, la demanda ha de ser mucho trabajo que realizar con la dirección de la Providencia y donde alcanzaré lo más grande de mi gloria, que me tiene pensando en ti, a cada momento en que tu imagen me acompaña a todo lado, haciendo de ideas vivas el palaciego almíbar de mi vida y mis labores.
Sin embargo, soy preso de una batalla interior entre el deber y el amor; entre tu honor y la deshonra, por ser culpable de amor. Separarnos es lo que indica la cordura y la templanza, en justicia ¡Odio obedecer estas virtudes!
Soy tuyo de alma y corazón,
Bolívar
50


Lima, a mayo 1 de 1825
A S.E. General Simón Bolívar
Muy señor mío:
Recibí su apreciable, que disgusta mi ánimo, por lo poco que me escribe; además de que su interés por cortar esta relación de amistad que nos une, al menos en el interés de saberlo triunfante de todo lo que se propone. Sin embargo yo le digo: no hay que huir de la felicidad cuando esta se encuentra tan cerca. Y tan sólo debemos arrepentirnos de las cosas que no hemos hecho en esta vida.
Su Excelencia sabe bien cómo lo amo. Sí, ¡con locura!
Usted me habla de la moral, de la sociedad. Pues, bien sabe usted que todo eso es hipócrita, sin otra ambición que dar cabida a la satisfacción de miserables seres egoístas que hay en el mundo.
Dígame usted: ¿Quién puede juzgarnos por amor? Todos confabulan y se unen para impedir que dos seres se unan; pero atados a convencionalismos y llenos de hipocresía. ¿Por qué
S.E. y mi humilde persona no podemos amarnos? Si hemos encontrado la felicidad hay que atesorarla. Según los auspicios de lo que usted llama moral, ¿Debo entonces seguir sacrificándome porque cometí el error de creer que amaré siempre a la persona con quien me casé?
Usted, mi señor, lo pregona a cuatro vientos: «El mundo cambia, la Europa se transforma, América también»… ¡Nosotros estamos en América! Todas estas circunstancias cambian también. Yo leo fascinada sus memorias por la gloria de usted.
¿Acaso no compartimos la misma? No tolero las habladurías, que no importunan mi sueño. Sin embargo, soy una mujer decente ante el honor de saberme patriota y amante de usted.
Su querida, a fuerza de distancia,

LOS CELOS DE MANUELA..CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD JE

Huamachuco, a 30 de mayo de 1824
General Simón Bolívar
Muy señor mío:
Me pregunto a mí misma, si vale la pena tanto esfuerzo en recuperarlo a usted de las garras de esa pervertida que lo tiene enloquecido últimamente. Dirá usted que son ideas absurdas. He de contarle que sé los pormenores de muy buena fuente, y usted sabe que sólo me fío de la verdad. ¿Le incomoda mi actitud? Pues bien; tengo resuelto desaparecer de este mundo, sin el «permiso de su Señoría», ya que no me llegará a tiempo, debido a sus múltiples ocupaciones…
Manuela

Cuartel General en Huaraz, a 9 de junio de 1824
Manuelita
Mi adorada:
Tú me hablas del orgullo que sientes de tu participación en esta campaña. Pues bien, mi amiga, ¡Reciba usted mi felicitación y al mismo tiempo mi encargo! ¿Quiere usted probar las desgracias de esta lucha? ¡Vamos! El padecimiento, la angustia, la impotencia numérica y la ausencia de pertrechos hacen del hombre más valeroso un títere de la guerra.
Un suceso que alienta es el hallarse en cualquier recodo con una columna rezagada de godos y quitarles los fusiles. ¡Tú quieres probarlo! Hay que estar dispuesto al mal tiempo, a caminos tortuosos a caballo sin darse tregua; tu refinamiento me dice que mereces alojamiento digno y en el campo no hay ninguno. No disuado tu decisión y tu audacia, pero en las marchas no hay lugar a regresarse. Por lo pronto, no tengo más que una idea que tildarás de escabrosa: pasar al ejército por la vía de Huaraz, Olleros, Choveín y Aguamina al Sur de Huascarán.
¿Crees que estoy loco? Esos nevados sirven para templar el ánimo de los patriotas que engrosan nuestras filas. ¿A qué no te apuntas? Nos espera una llanura que la Providencia nos dispone para el triunfo. ¡Junín! ¿Qué tal?
A la amante idolatrada

SEÑOR LIBERTADOR

Lima, a 27 de febrero de 1824
Al señor Libertador
General Simón Bolívar
Muy señor mío:
Por correo he sabido de su desgracia de usted. ¿No ve usted, señor, por usted mismo? Corro a su lado hasta Pativilca. Escribo muy de prisa por el ansia que tengo. Mañana salgo con algunos patriotas y tropa de Lima, pues son noticias frescas el que los peninsulares junto con los traidores de Torre Tagle, dan ultimátum a esta ciudad; y hallo justificación en hacerlo porque para usted su salud no cuenta. Yo bien sé que con mi compañía usted se sentirá mejor, dando al traste con todas sus desgracias; que yo pueda ser remedio de sus males. ¿Me espera usted? Su amiga, desesperada por verlo, que es,
Manuela



Huamachuco, a 26 de mayo de 1824
General Simón Bolívar
Señor mío:
He de decirle a usted que mi paciencia en no ver su ánimo disponible hacia su amiga, que lo es sincera, tiene un límite. Usted, que tanto hablaba de corresponder gentilmente a los amigos, duda en escribirme una línea; esto me provoca una agonía fatal, pues no encuentro que satisfaga mis interrogantes acerca de usted o de su comportamiento austero, aunque diplomático.
¿He de preguntarle a usted mismo? No, porque ni siquiera piensa en mí, ni su respuesta es espontánea. Téngame un poco de amor, aunque sólo sea por lo de patriota.
Manuela




LAS MUJERES DE HOY NECESITAMOS UN BOLIVAR ..QUE BARBARIDAD!!

Las siguientes cinco cartas, escritas desde La Magdalena, se refieren al incidente del zarcillo, narrado según testimonio de Perú de Lacroix

I. Cuartel General en La Magdalena – Lima
Octubre 29 de 1823
Señora Doña Manuela Sáenz
Señora:
Mi deseo es que usted no deje a este su hombre por tan pequeña einsignificantecosa.Líbremeustedmismademipecado,conviniendo conmigo en que hay que superarlo. Vengó ya usted su furia en mi humanidad. ¿Vendrá pronto? Me muero sin usted.
Su hombre idolatrado,


 La Magdalena, 6:30 p.m.
Señora:
Nunca después de una batalla encontré un hombre tan maltratado y maltrecho como yo mismo me hallo ahora, y sin el auxilio de usted. ¿Quisiera usted ceder en su enojo y darme una oportunidad para explicárselo?
Su hombre que muere sin su presencia,


 La Magdalena, 7: 30 p.m. Señora: En mi situación, ya no encuentro otro recurso que el de levantarme como Lázaro e implorar su benevolencia conmigo.
Sepa usted que parezco perro de hortelano castigado por jauría.
¿No se conmueve usted? Venga, venga pronto, que me muero sin usted.
Bolívar


IV. La Magdalena, 8 p.m.
Señora:
Medite usted la situación. ¿Acaso no dejó de asistirme en unos días? Yo imploro de su misericordia de usted, que proviene de su alma pura; no me deje morir de amor sin su presencia. ¿Puedo volver a llamarla mi bella Manuela? Explíqueme qué conducta debo seguir respecto a usted.
Suyo,


 La Magdalena, 9:30 p.m.
Mi adorada Manuelita, el hincarme la porcelana iridiscente de tu boca fue el flagelo más sutil demandado por mortal alguno en la expiación de su pecado; tus dedos se adhirieron a mi carne, como en las breñas de la ascensión al Pisha, para darle a este hombre (tu hombre) un hálito mortal, en la contemplación de tu divinidad hecha mujer.
Perdóname, tuyo,

A SU EXCELENCIA

Catahuango, a febrero 12 de 1823
A Su Excelencia
General Simón Bolívar
A más de encontrarme condenada por mis parientes en Quito, la suerte al revés en mi matrimonio (siempre supe desde el principio que sería así), usted me incomoda con el comportamiento de usted, de sus sentimientos que son desprendidos de toda realidad.
¿Dice usted que me piensa, me ama, me idolatra?
¿Cree usted que este destino cruel puede ser justo? ¡No! ¡Mil veces no! ¿Quiere usted la separación por su propia determinación, o por los auspicios de lo que usted llama honor? La eternidad que nos separa sólo es la ceguera de su determinación de usted, que no lo ve más. Arránquese usted si quiere, su corazón de usted, pero el mío ¡No! Lo tengo vivo para usted, que sí lo es para mí toda mi adoración, por encima de todos los prejuicios.
Suya,



Cuartel General de Lima, a 13 de septiembre de 1823
A la señora Manuela Sáenz
Mi buena y bella Manuelita:
Profunda preocupación tiene mi corazón, a más de mi admiración por tu valentía al enfrentarte sola al anatema de la luz pública, en detrimento de tu honor y de tu posición.
Sé que lo haces por la causa de la Libertad, a más que por mí mismo, al disolver, con la intrepidez que te caracteriza, ese motín que atosigaba el orden legal establecido por la República, y encomendado al general Solom en Quito.
Tú has escandalizado a media humanidad, pero sólo por tu temperamento admirable. Tu alma es entonces la que derrota los prejuicios y las costumbres de lo absurdo; pero Manuela mía, he de rogarte: prudencia, a fin de que no se lastime tu destino excelso en la causa de la libertad de los pueblos y de la República.
Prefiero que vengas a Lima, a fin de hacerte cargo de la secretaría y de mi archivo personal, así como los demás documentos de la Campaña del Sur.
Con todo mi amor,


Quito, septiembre 23 de 1823
S.E. Simón Bolívar Señor:
Bien sabe usted que ninguna otra mujer que usted haya conocido, podrá deleitarlo con el fervor y la pasión que me unen a su persona, y estimula mis sentidos. Conozca usted a una verdadera mujer, leal y sin reservas.
Suya,


Lima, a octubre 18 de 1823
Muy señor mío:
Tiene usted mi amor verdadero, con el prendimiento de mi corazón por usted. No me calmo hasta que usted me dé su explicación de su ausencia de usted, sin que yo sepa qué se ha hecho usted. ¿Es que no ve el peligro? ¿O yo no le intereso más que ayer? Decida usted, porque yo me regreso aun sin la gloria de usted, que no vacila en hacerme sufrir.
Suya

AQUI ESTOY YO..ESPERANDOLE

El Garzal, a 28 de julio de 1822
General Simón Bolívar
Muy señor mío:
Aquí estoy yo, ¡esperándole! No me niegue su presencia de usted. Sabe que me dejó en delirio y no va a irse sin verme y sin hablar… con su amiga, que lo es loca y desesperadamente.
…aquí hay todo lo que usted soñó y me dijo sobre el encuentro de Romeo y Julieta… y exuberancias de mi misma.



Quito, 30 de diciembre de 1822
Al Libertador Simón Bolívar
Incomparable amigo:
En la apreciable de usted, fecha 22 del presente, me hace ver el interés que ha tomado en las cargas de mi pertenencia. Yo le doy a usted las gracias por esto, aunque más las merece usted porque considera mi situación presente. Si esto sucedía antes que estaba más inmediata, ¿qué será ahora que está a más de sesenta leguas de aquí? Bien caro me ha costado el triunfo de Yacuanquer. Ahora me dirá usted que no soy patriota por todo lo que voy a decir. Mejor hubiera querido yo triunfar de él y que haya diez triunfos en Pasto.
Demasiado considero a usted lo aburrido que debe estar usted en ese pueblo; pero, por desesperado que usted se halle, no ha de estar tanto como lo está la mejor de sus amigas, que es:



Cuartel General Pasto, a 30 de enero de 1823
Mi adorada Manuelita:
Recibí tu apreciable que regocijó mi alma, al mismo tiempo que me hizo saltar de la cama; de lo contrario, esta hubiera sido víctima de la provocada ansiedad en mí.
Manuela bella, Manuela mía, hoy mismo dejo todo y voy, cual centella que traspasa el universo, a encontrarme con la más dulce y tierna mujercita que colma mis pasiones con el ansia infinita de gozarte aquí y ahora, sin que importen las distancias. ¿Cómo lo sientes, ah? ¿Verdad que también estoy loco por ti?…
Tú me nombras y me tienes al instante. Pues sepa usted mi amiga, que estoy en este momento cantando la música y tarareando el sonido que tú escuchas. Pienso en tus ojos, tu cabello, en el aroma de tu cuerpo y la tersura de tu piel y empaco inmediatamente, como Marco Antonio fue hacia Cleopatra. Veo tu etérea figura ante mis ojos, y escucho el murmullo que quiere escaparse de tu boca, desesperadamente, para salir a mi encuentro.
Espérame, y hazlo, ataviada con ese velo azul y transparente, igual que la ninfa que cautiva al argonauta.

SEÑOR MIO

El Garzal, a 27 de julio de 1822
A Su Excelencia General Simón Bolívar
Muy señor mío:
Aquí hay de vivaz todo un hechizo de la hermosa naturaleza. Todo invita a cantar, a retozar; en fin, a vivir aquí. Este ambiente, con su aire cálido y delicioso, trae la emoción vibrante del olor del guarapo que llega fresco del trapiche, y me hace experimentar mil sensaciones almibaradas. Yo me digo: este suelo merece recibir las pisadas de S.E. El bosque y la alameda de entrada al Garzal, mojados por el rocío nocturno, acompañarían su llegada de usted, evocando la nostalgia de su amada Caracas. Los prados, la huerta y el jardín que está por todas partes, serviránle de inspiración fulgurante a su amor de usted, por estar S.E. dedicado casi exclusivamente a la guerra.
Las laderas y campos brotando flores y gramíneas silvestres, que son un regalo a la vista y encantamiento del alma. La casa grande invita al reposo, la meditación y la lectura, por lo estático de su estancia. El comedor, que se inunda de luz a través de los ventanales, acoge a todos con alegría; y los dormitorios reverentes al descanso, como que ruegan por saturarse de amor…
Los bajíos a las riberas del Garzal hacen un coloquio para desnudar los cuerpos y mojarlos sumergidos en un baño venusiano; acompañado del susurro de los guaduales próximos y del canto de pericos y loros espantados por su propio nerviosismo. Le digo yo, que ansío de la presencia de usted aquí. Toda esta pintura es de mi invención; así queruegoaustedqueperdonemisdesvaríospormiansiedaddeusted yde verlopresente, disfrutandode todoesto queestanhermoso.
Suya de corazón y de alma,

PARA MANUELA DE SIMON

Cuartel General en Guaranda a 3 de julio de 1822
A la distinguida dama, Sra. Manuela Sáenz
Apreciada Manuelita:
Quiero contestarte, bellísima Manuela, a tus requerimientos de amor que son muy justos. Pero he de ser sincero para quien, como tú, todo me lo ha dado. Antes no hubo ilusión, no porque no te amara Manuela y es tiempo de que sepas que antes amé a otra con singular pasión de juventud, que por respeto nunca nombro.
No esquivo tus llamados, que me son caros a mis deseos y a mi pasión. Sólo reflexiono y te doy un tiempo a ti, pues tus palabras me obligan a regresar a ti; porque sé que esta es mi época de amarte y de amarnos mutuamente.
Sólo quiero tiempo para acostumbrarme, pues la vida militar no es fácil ni fácil retirarse. Me he burlado de la muerte muchas veces, y esta me acecha delirante a cada paso.
Qué debo brindarte: ¿un encuentro vivo acaso? Permíteme estar seguro de mí, de ti y verás querida amiga quién es Bolívar al que tú admiras. No podría mentirte.
¡Nunca miento! Que es loca mi pasión por ti, lo sabes.
Dame tiempo

MI AMOR .PARA MI SIMON COMTEMPORANEO

Mi amor:
Hay algo en usted que nunca he conquistado; es algo que no me
pertenece, me conturba y estremece; algo en ese amor suyo que aún
no he encontrado: atormentado e indefinible. Yo tengo ansiedad en las
noches y no amanece, como un suplicio voraz que come y crece entre
está mi carne viva allí escondida.
Mi llanto y mi voz son mis espantos. Grito, en el abismo, sin eco y
sin resuello. Amor, Simón, mi daga interna, ¿por qué, si hasta su nombre
me levanto, hay algo en usted que nunca se me entrega?
Dígamelo usted,

SIMON Y MANUELA